martes, 17 de abril de 2012

Bienvenidas al club de los amores no correspondidos.

Hartas. Hartas estamos. Hartas de tanta tontería. Tanta estupidez. Tanto perro sucio suelto, y tan poco caballo majestuoso en el establo. Hartas de ratas inmaduras que no saben como comer el mejor queso que se presenta delante de sus narices. Dejamos nuestra vida en sus manos y como si de Eduardo Manostijeras se tratase ellos la hacen pedazos, con un simple tijeretazo. Volcamos nuestra ilusión, queremos creer en una falsa intuición, pero en realidad, todo ese castillo de naipes construido en un lugar llamado Cielo, en la calle de Los sueños y Las nubes, se derrumba con una simple brisa otoñal. Intentamos creer que por un segundo todo lo que pasa por nuestra enfermiza mente de adolescente enñoñada, se hace realidad. Y entonces, decimos ¿ por qué no ? JAJAJA ¿ Por qué no ? Ay, queridas amigas, que ilusas podemos ser. Bienvenidas al club de los amores no correspondidos. Ese club donde lo sueños se hacían realidad y en el que con un simple 'jajaja eres genial' todo se volvía color de rosa. Mientras que los ignorantes garrulos lo único que querían decir era un simple 'jajaja eres simpática'. Sin segundos significados, sin segundas intenciones. Esas palabras podían hacer que fantaseásemos durante horas, esperando al día siguiente, solo para volver a que te dijera lo mismo. Solo para saber que de verdad, le gustabas. Pero todo, todo era mentira. Falsas palabras, disfrazadas para ocultar esa personalidad infantil, ese ansia de viajar hacia lo desconocido, hacia lo salvaje. Falsas palabras con las que creían encandilar a unas hermosas muñecas de porcelana, palabras tan dulces que provocaban diabetes. Palabras, solo palabras que desparecían como las huellas que dejas en la arena cuando el agua las cubre. Lo que ellos no sabían, es que la porcelana, se rompe. El momento en el que te cagabas en todo lo que respira, cogías valor e ibas a por ello con toda tu alma, ahí estaba el capullo que decía, 'oh lo siento, tú no....no eres tú...'. Basta de excusas. En ese momento la muñeca caía al suelo y se rompía en tales pedazos que era imposible recomponerla. Provocando una puñalada tan dolorosa que hasta el propio demonio subía de las tinieblas y se acongojaba de ti. 
Y ellos sin sospechar nada, pensaban en su próxima víctima, como si de Drácula se tratase.

Pero si es que en realidad, somo tontas.

Pero con esta muñeca no se juega más. Ya no soy esa estúpida Barbie a la que solo le importaban los vestidos. Aquella con la que podías jugar unos días y al día siguiente ya querías otra, que venía con un yate. 

No. Ahora soy una de esas muñecas repollo que parecen más duras que el titanio.



O eso creo creer.

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