Mary Anne, pusó su cabeza en orden, por un momento, se calmó y pensó con claridad, hizo callar las voces que le susurraban en la cabeza, esas voces que le decían: Ciega, ciega, ciega, ciega...
Y por fin solo se escuchaban los pensamientos de Mary Anne. Repasó lo que había pasado. Pero no había explicación. Había hecho lo que siempre hacía, levantarse, desayunar, vestirse e irse. ¿ Qué había cambiado esta vez?
El mundo de Mary Anne se empezaba a desmoronar. Ciega, estoy ciega -dijo Mary Anne-. Seguía al lado de aquellos arbustos del jardín del bloque de pisos, pero ahora paralizada como un muerto. Ya no sabía la hora que era, supongo que llegaba tarde, sí, llegaba tarde. No podía saber la hora que era ya que no podía ver su reloj plateado. Pero en realidad eso no importaba mucho. El instituto podía esperar. Vamos, eso pensó ella.
Mary Anne pensó que lo mejor sería gritar y pedir ayuda, porque a lo mejor si intentaba volver a casa se desorientaba al no saber en que sentido había girado, y si seguía hacia adelante podía jugarse la vida en los numerosos pasos de peatones que había. Así que eso fue lo que hizo, gritar, gritar como una verdulera.
La gente se acercó a Mary Anne para saber lo que le ocurría a esa gritona que debería estar aprendiendo y no en la calle tiesa como un mono disecado. ( Mary Anne tuvo suerte, porque hoy en día la gente es muy hijadeputa poco solidaria y aunque te vean agonizando en el suelo pasarán de ti como mierda de cánido)
Todos los acontecimientos que cambiaron la vida de Mary Anne que sucedieron después de las 8:29 de la mañana de aquel frío Jueves no serán contados.
Solo puedo decir que, Mary Anne perdió la vista, pero ganó experiencias que le pintaron la mente de colores, y jamás volvió a vivir en oscuridad.
Y que a veces, hay que cerrar los ojos para poder sentir de verdad, con el corazón.
Y porque a veces, muchas veces , los árboles, no te dejan ver el bosque.
