jueves, 19 de enero de 2012

Pesadillas a media noche.

Mary Anne era una chica como otra cualquiera, asistía a clase, estudiaba para los exámenes, salía con sus amigos...vamos, todo normal. Mary Anne no tenía nada de especial, no era una chica fuera de lo común, ella vivía feliz, vivía contenta....hasta que el horror llegó a su vida. Ese momento en el que una pesadilla del inframundo cobra vida y se vuelve real. Ese momento de impotencia. Ese momento de terror.

Era un Jueves, creo que recordar, un frío Jueves de invierno, a las 8:15 de la mañana. La pesadilla empezaba a cobrar vida.
Mary Anne bajó de su casa, camino al instituto, y en medio del camino observó los arbustos de un jardín perteneciente a un bloque de pisos. Aún era de noche, pero se distinguían bien. Se distinguían bien, hasta que la vista de Mary Anne empezó a jugar con ella de manera inusual, jugaba con ella como quería, era su pelele. De repente era como en esas películas de miedo en las que las luces parpadean y sabes que algo malo va a suceder. Mary Anne veía a chispazos la calle, las cosas se desvanecían y aparecían como si estuviera parpadeando, pero sin cerrar los ojos. Mary Anne pensó que podría ser fruto del estrés de la escuela, pero pobre ilusa, solo quería convencerse de que todo iba bien, pero no era así. La calle, oscuridad, la calle, oscuridad, la calle, oscuridad...
De repente ese parpadeo siniestro se detuvo, y en menos de un segundo todo se volvió negro para Mary Anne. Estaba sola, aislada, en un lugar oscuro y frío. Mary Anne, se calmó, o eso intentó, y se dio cuenta de que no estaba en ningún lugar extraño, estaba allí en la calle, lo único que había cambiado era la visión que ella tenía de ese lugar. Ya no era una calle, era oscuridad. La oscuridad había llegado a la mente, a los ojos de Mary Anne, y se había apoderado de ella. La oscuridad se introdujo dentro de la cabeza de Mary Anne, provocando un efecto enfermizo en su mente, un sentimiento de impotencia, de no saber por qué.
Ciega, Mary Anne, en un instante, estaba ciega. No sabía por qué, pero lo estaba. Sus preciosos ojos azules habían dejado de ver. ¿ Por qué ? Ahora Mary Anne se encontraba sola en la calle, y ciega como un topo. El miedo la paralizó y la sangre se le congeló como un polo de helado en el frigorífico. Mary Anne no sabía como afrotar esa repentina ceguera. Mary Anne estaba perdida. Era una pesadilla hecha realidad.

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