Ya estoy acostumbrada al dolor. No a ese dolor físico que sientes cuando has hecho mucho ejercicio o te has dado un golpe, no, a ese dolor mental, provocado por demasiadas comidas de tarro. Ese dolor que provoca depresión, angustia y frustración al mismo tiempo. Y que a mi, no me gusta.
Me he dado cuenta de que además de no ser nada, somos idiotas. Tremendamente idiotas. No sé quién nos ha dado la vida, ni por qué, pero creo que no le ofreció demasiado empeño a crearnos. O nos dejó a medias o pensó, en un momento de éxtasis, que podíamos forjarnos y ser de verdad seres superiores. Que ingenuo. No somos una especie superior. Estamos por debajo del nivel ratonil de cloaca. Los alienígenas que nos estén viendo desde sus pantallas virtuales espaciales deben de estar mofándose de una manera bestial, al ver, que pese a los años de, llamémoslo, ejem, evolución, seguimos estancados en una estúpida manera de ser, egoísta y primitiva. Todos y cada uno de nosotros. Me causa demasiada tristeza pensar que no hay remedio para el ser humano. Es y siempre será idiota. Deberían de habernos creado sin sentimientos, y ya de paso, sin cerebro. Ser robots autómatas que solo realizan órdenes. Aunque bueno, gracias a esta bonita sociedad que hemos creado no nos alejamos mucho de estos seres cableados.
Somos tan tremendamente estúpidos que no nos damos cuenta de lo que nos han dado. Para empezar, ¿ qué más futurista queréis que una jodida esfera llena de agua y tierra que flota en un tremendo campo infinito llamado espacio ? Nos han dado un lugar en el que vivir, sin recibir nada a cambio, y nosotros, de seres inteligentes, lo estamos degradando cada vez más. Somos geniales. Muerte a la Tierra.
Hemos estado durante años luchando y peleando por conquistar trozos de tierra, solo para poder imponernos sobre otros compañeros. Maldad. Estupidez. Prepotencia. De eso abunda demasiado.
Y, para no extenderme demasiado, ya que si no, nunca acabaría, mencionar la crueldad de nuestra persona. Malos, extremadamente malos somos a veces. Nuestra alma se llena de oscuridad y odio y no sé por qué comenzamos a escupir puñales afilados a diestro y siniestro, sin pensar, haciendo daño a quien no se lo merece. Ojalá tuviéramos un botón para rebobinar, pero por ahora, seguimos sin ser robots.
Simplemente, pido un gran perdón por todos nuestros errores pasados, presentes y futuros. Y, gracias.
Sigo creyendo que aún queda esperanza. Ja.