sábado, 12 de mayo de 2012

Humanity sucks.

Ya estoy acostumbrada al dolor. No a ese dolor físico que sientes cuando has hecho mucho ejercicio o te has dado un golpe, no, a ese dolor mental, provocado por demasiadas comidas de tarro. Ese dolor que provoca depresión, angustia y frustración al mismo tiempo. Y que a mi, no me gusta. 

Me he dado cuenta de que además de no ser nada, somos idiotas. Tremendamente idiotas. No sé quién nos ha dado la vida, ni por qué, pero creo que no le ofreció demasiado empeño a crearnos. O nos dejó a medias o pensó, en un momento de éxtasis, que podíamos forjarnos y ser de verdad seres superiores. Que ingenuo. No somos una especie superior. Estamos por debajo del nivel ratonil de cloaca. Los alienígenas que nos estén viendo desde sus pantallas virtuales espaciales deben de estar mofándose de una manera bestial, al ver, que pese a los años de, llamémoslo, ejem, evolución, seguimos estancados en una estúpida manera de ser, egoísta y primitiva. Todos y cada uno de nosotros. Me causa demasiada tristeza pensar que no hay remedio para el ser humano. Es y siempre será idiota. Deberían de habernos creado sin sentimientos, y ya de paso, sin cerebro. Ser robots autómatas que solo realizan órdenes. Aunque bueno, gracias a esta bonita sociedad que hemos creado no nos alejamos mucho de estos seres cableados.

Somos tan tremendamente estúpidos que no nos damos cuenta de lo que nos han dado. Para empezar, ¿ qué más futurista queréis que una jodida esfera llena de agua y tierra que flota en un tremendo campo infinito llamado espacio ? Nos han dado un lugar en el que vivir, sin recibir nada a cambio, y nosotros, de seres inteligentes, lo estamos degradando cada vez más. Somos geniales. Muerte a la Tierra. 

Hemos estado durante años luchando y peleando por conquistar trozos de tierra, solo para poder imponernos sobre otros compañeros. Maldad. Estupidez. Prepotencia. De eso abunda demasiado.

Y, para no extenderme demasiado, ya que si no, nunca acabaría, mencionar la crueldad de nuestra persona. Malos, extremadamente malos somos a veces. Nuestra alma se llena de oscuridad y odio y no sé por qué comenzamos a escupir puñales afilados a diestro y siniestro, sin pensar, haciendo daño a quien no se lo merece. Ojalá tuviéramos un botón para rebobinar, pero por ahora, seguimos sin ser robots.  

Simplemente, pido un gran perdón por todos nuestros errores pasados, presentes y futuros. Y, gracias. 

Sigo creyendo que aún queda esperanza.  Ja.

martes, 8 de mayo de 2012

ABC.

Querido lector, todo es ficción.

Like a bitch.

Dolores de cabeza. Ganas de gritar. De coger todo y tirarlo por la ventana. De ponerte tus zapatillas favoritas, salir por esa puerta, y coger el primer avión a Nunca Jamás. Jaquecas. Histeria acompañada de sacudidas a todo mueble no atornillado al suelo. Maldecir a todo ser viviente. Tirar todo al abismo. Tumbarte en el frío suelo mirando a nada. Noches sin dormir. Cavilaciones estúpidas. Instintos asesinos recorriendo tu cuerpo cada 5 segundos. Suspiros. Más suspiros. Respiraciones aceleradas. Ganas de mandar todo a la mierda. Sumirse en el caos. Aislarse. Llorar. Duchas que parecen viajes de miles de leguas. Pensando en todo. Pensando en nada. Ganas de gritar a todo el mundo. Ahogar gritos de pánico. Desgarrarse la voz en hacer que te escuchen. Dolor. Pesadillas. Gritos, más gritos. Romper todo. 

Fantasías de adolescente que acaban siendo pesadillas nocturnas. Estúpidos deseos irrealizables. Depresión. Angustia. Estar atascado en una camino sin salida. Llantos hasta quedarse dormida. Frío. Calor. Deseo. Frustración. Amor. Odio. Venganza. Adoración. Como un 4x4 sin frenos. A todo gas. Lujuria. Maldad. Acciones sin pensar.

Y después de eso, recobrar la calma. Recobrar la compostura. Salir por esa estúpida puerta de madera, y, que remedio, vivir esta montaña rusa llamada vida.

Love is a fake.

Y en la penumbra ella esperaba un ápice de luz. Ese destello de luz en su corazón. Esa esperanza de encontrar el amor algún día. Tanto tiempo había esperado, tanto tiempo malgastado en encontrar lo que siempre había querido. No le sirvió de nada. Tanto tiempo queriendo todo tan perfecto. Siendo tan exigente. 

Intentos, intentos que veía factibles, dejaba escondidos en la caja fuerte, sin realizarlos, por miedo a caer. Una y otra vez había caído, y no había aprendido, por lo que su cerebro instintivamente creó una fina, fina pero potente capa que la protegía de ese dolor emocional, y que no la dejaba pensar con claridad. 
Recuerdos venían a su memoria, recuerdos amargos, que le dejaban muy mal sabor de boca. Por esa razón, se armaba de orgullo, y aunque su alma deseara avanzar con tantas ansias, sus piernas permanecían inmóviles. Esperando a qué cojones que su príncipe azul, se lanzara al galope con su caballo blanco y fuera a rescatar a su princesa en lo alto de una torre custodiada por un dragón. Pero eso nunca ocurrió. Se hartó.
Por lo que decidió esperar en un rincón, oscuro y frío, a que inesperadamente, por sorpresa, llegara lo que ansiaba con toda su alma. Cosa, que tampoco ocurrió. El miedo la cegó, y su aislamiento provocó su desaparición. Para siempre. Quizás, no era ella el problema. Quizás estaba en su destino. Las cosas siempre pasan por algo. NO. Quizás no tomó las decisiones adecuadas. Quizás no pensó con claridad en el momento adecuado. Quizás adoptó esa postura de niña tonta que siempre ha odiado, y que ha ido adoptando inconscientemente. Quizás creyó en algo que no existe. Que nunca lo hará. Quizás quiso esperar más de la gente menos indicada. Quiso creer en lo irreal, en fantasías de Walt Disney, que no ocurren en la vida real. Es todo falso. Es todo dolor. Fake. 
Por eso, ella, un día se levantó, mandó todo a la mierda, y empezó a escribir una nueva página en su diario, titulado, Yo.

En cuanto menos te lo esperas, una luz ilumina el camino. Ya no creo en eso, por eso, siempre llevo una linterna a mano.