Ahora piensa, ¿es esa la cara que quieres tener a tu lado cuando te despiertes por la mañana, durante el resto de tu vida?
Porque el verdadero amor no es joven, es eterno. El verdadero amor es paciente, no desespera. El verdadero amor es amable, jamás malicioso. Es infinito, ilógico, no puede medirse, no puede expresarse con palabras. No es perecedero, el verdadero amor no tiene fecha de caducidad. Es puro. Lo es todo y a la vez es nada.
Si no lo encontramos sufrimos, y una vez que nos topamos con él, morimos por él. Pero el verdadero amor no debe buscarse, está ahí fuera, esperando, siempre paciente, hasta que un día lo descubramos, como por arte de magia, por ello, el verdadero amor es mágico, quedamos prendados de él como si de un hechizo se tratase. Es místico.
El verdadero amor no responde a la razón ni a ningún proceso psíquico mental. El verdadero amor solo se siente. El verdadero amor es desearle lo mejor a esa persona. Es preocuparte día sí y día también por esa persona. El verdadero amor es mirar a esa persona a los ojos y decir, tú eres la cara que quiero tener al lado cuando me despierte por la mañana, durante el resto de mi vida.