Y yo te pregunto, ¿qué sabes tú de los sueños? No sabes nada en realidad. Tu mente no va más allá de las cuatro o cinco cosas que tú crees que son imprescindibles. Jamás serás capaz de cerrar los ojos y por un momento imaginarte lo inimaginable, ir más allá de las barreras de la vida real y sumergirte en ese mundo perfecto que es el de los sueños. Siempre tan ocupado, tan ajetreado, crees que así llegarás a ser alguien elegante y distinguido, crees que lo mejor es olvidarte de los sueños y dejar de luchar, total, tú solo quieres ser es hombre trajeado que es director administrativo de la Torre número a mi que me importa en la calle de solo me importa la pasta.
Y yo te pregunto, ¿qué sabrás tú de los sueños? Si en tu vida has tenido alguno. Deja que los demás sueñen y se hagan ilusiones, tal vez nunca se cumplan, pero por ahora soñar es gratis. Con esas agujas oxidadas que salen de tu boca a modo de palabras no conseguirás el éxito, solo cavarás tu propia fosa. No conseguirás el éxito intentando acabar con los sueños de los demás, porque eso es algo que jamás podrás arrebatarles.
A veces me pregunto si simplemente sientes envidia al ver el brillo en los ojos de las personas soñadoras, si sientes envidia porque sabes que jamás tus ojos brillarán de esa manera, si sientes envidia porque tú mismo poco a poco te has convertido en un robot autómata incapaz de sentir nada por algo o alguien, incapaz de soñar, y lejos de parecerse a un ser humano. Antes eran sentimientos lo que brotaba de tu pecho, ahora el temporal lo ha arrasado todo y tu corazón está custodiado por un dragón escupe-fuego que hace imposible el mínimo intento de llegar a él.
Cada día me pregunto si algún día tuviste sueños, y si yo formaba parte de ellos, cada día me pregunto qué fue lo que te hizo transformarte en lo que eres ahora, y solía preguntarme si yo fui la culpable. Ahora sé que yo nunca fui una de esas cuatro o cinco prioridades, y que siempre jugué de suplente en tu vida, que nada era real, todo estaba muy lejos de parecerse a un sueño, rozaba la pesadilla.
Con el paso del tiempo tus escasas ilusiones y planes de futuro platónico comenzaron a desaparecer, he madurado, decías, no tengo tiempo para soñar, decías. Nunca entendí el por qué de aquella conducta, pero sobre todo, jamás entendí ni entenderé por qué intentabas acabar también con mis sueños y planes de futuro basados en películas de Jennifer Aniston. Son tonterías, decías. Yo sé que algo propició la muerte de tus sueños, como si ese algo te hubiese obligado a acabar con ellos, porque en el fondo de tus ojos yo podía ver el dolor que te provocaba tener que haber prescindido de ellos. Por eso jamás entendí por qué querías que yo experimentase la misma sensación de impotencia y rabia que tú sentías, aunque jamás la manifestases, yo podía sentirla en cada respiración.
Porque...¿qué sabes tú de los sueños?